Llevo más de diez años trabajando en startups, casi siempre en fases muy iniciales. He vivido momentos de caos, de no saber si llegábamos a final de mes, de rehacer un producto entero varias veces, de tomar decisiones con muy poca información y bastante intuición. No idealizo nada de eso, ha sido duro muchas veces.
Pero, mirando atrás, casi siempre había algo en común: me divertía más trabajando.
Desde hace un tiempo esa sensación aparece menos. No ha sido de golpe ni por un motivo claro. No es que ahora el trabajo sea peor, ni menos interesante. Simplemente noto que disfruto menos del proceso, aún no sé por qué, y de ahí esta reflexión, para ayudar a asentar mis ideas.
Y más o menos, desde hace más de tres años que uso IA de forma habitual en mi trabajo, cada vez más, cada vez mejor, cada día de forma automática para muchas tareas.
No creo que sea casualidad.
Uso IA todos los días, para escribir, para pensar, para desbloquearme. A veces para ir más rápido y otras, siendo honesto, para no enfrentarme del todo a un problema que todavía no tengo claro, y ahí es donde algo empieza a desilusionarme.
No porque la IA esté mal, que no lo sé, no va de demonizar la herramienta ni de nostalgia tecnológica. Va de notar que, sin darme cuenta, empiezo a saltarme partes del trabajo, partes incómodas, partes lentas, partes donde normalmente no pasa nada… hasta que pasa.
El resultado se ha comido al proceso
Los que trabajamos en tecnología, vivimos rodeados de resultados. Lanzamientos, métricas, impacto, adopción. Esto siempre ha sido así, el problema es que, poco a poco, el resultado se ha convertido en lo único que importa.
La IA ha encajado demasiado bien aquí, necesitas un documento, lo tienes. Un análisis rápido, listo. Una propuesta razonable, en segundos. El output aparece claro, ordenado y convincente. Y casi sin darte cuenta, pasas al siguiente problema.
Pero entender un negocio de verdad, sobre todo cuando cambias de sector o estás empezando, no funciona así. Entender implica incomodidad, fricción, leer documentación confusa, hablar con personas del equipo y clientes que no saben explicar bien lo que necesitan. Escribir una primera versión mala y reescribirla varias veces, pasar tiempo sin resultados visibles.
Ahí es donde aparece la tentación, usar la IA para llegar rápido a algo que carece de comprensión.
Se ha perdido la ilusión de entender, de estar en el barro
Estoy usando, y la el resto del mundo también, la IA para acelerar fases que no deberían acelerarse. En mi caso, preparar un brief, un PRD o una propuesta estratégica sin haber pasado suficiente tiempo entendiéndola, para qué, si estoy a 5 minutos de un buen prompt y de una solución.
El documento sale bien, el lenguaje es correcto, todo suena razonable (Sesgo de autoridad), la IA te suele dar la razón (Sesgo de confirmación), . Pero falta algo., falta contexto, falta haber estado dentro del problema el tiempo suficiente, falta estar en el barro.
El riesgo no es que la IA se equivoque, el riesgo es que nos da resultados que parecen correctos sin entender del todo. Sobre todo en mi trabajo, porque uno de los trabajos del Product Manager no es dar respuestas rápidas, es hacer las preguntas correctas, dar con el problema que hay que solucionar, entenderlo. Descubrir y definir el problema, eso no se puede delegar si no lo entiendes.
La IA optimiza lo conocido, la fricción descubre cosas nuevas
Hay otro efecto menos obvio, la IA funciona muy bien optimizando lo esperado, lo lógico, lo que ya conocemos, da respuestas correctas porque se basa en patrones existentes.
La inteligencia artificial no genera ideas disruptivas, reduce el coste de explorarlas cuando alguien ya ha decidido que valen la pena.
La IA no piensa en el sentido humano que creemos. Lo que hace es detectar patrones estadísticos y generar la siguiente «salida» más probable según su entrenamiento. Parece pensamiento porque han hecho un buen trabajo con su interfaz, y es muy convincente, pero por debajo no hay modelo del mundo con experiencia vivida.
Las soluciones más interesantes suelen salir de sitios poco eficientes, una frase mal escrita que te obliga a parar, una contradicción en una documentación confusa, un paseo, una tercera revisión que no estaba prevista, un café con el equipo, esa fricción es incómoda, pero es justo donde a veces aparece algo distinto.
Cuando nos saltamos el proceso incómodo, no solo perdemos criterio. También eliminamos la fricción necesaria para descubrir cosas que no estaban en el plan.
La IA optimiza lo conocido. La fricción, lo inesperado, la incomodidad, el momento, abre caminos nuevos.
Proceso y resultado no son lo mismo
El resultado es un momento concreto, el proceso es algo que se vive, del que tenemos que estar presente.
Por cómo está montado el trabajo a día de hoy, hemos aprendido a mirar solo al resultado. La IA refuerza esto, optimiza el output, pero no vive el proceso. No duda, no se pierde, no se frustra, no conecta ideas poco a poco.
Usar IA es una ventaja clara, no hacerlo sería poco realista y un suicidio estratégico. Pero eliminar todo lo incómodo también elimina el sitio donde se forma el criterio.
En startups (y en nuestras vidas) hemos puesto la eficiencia en lo más alto, menos tiempo, más impacto. Menos fricción, más velocidad y tiene todo el sentido, bueno, casi todo.
Por que no todo lo valioso es eficiente, hay cosas que no deberían optimizarse del todo. Leer despacio, escribir sin tener claro qué quieres decir, pensar un problema sin abrir una herramienta desde el minuto uno.
He escrito muchos documentos que no iban a ningún lado, al menos de forma directa. Nadie los iba a leer o los ha leído tal cual, pero yo los necesitaba, y los necesito, para entender qué pienso y qué hago.
Hoy es fácil saltarse eso, pedir un resumen, una estructura, una versión mejorada, así el resultado llega antes.
Algunas reglas simples que voy a volver hacer para proteger el proceso
No como normas rígidas, sino como pequeñas defensas contra el atajo constante:
Antes de usar IA, escribir el problema y el objetivo en mi libreta. Aunque quede mal, si no puedes explicarlo sin ayuda, todavía no lo entiendes bien. Intentar entenderlo y explicarselo bien a la IA, antes de darle la tarea.
Reservar un rato a la semana para leer con calma, revisar algo antiguo o hablar con un cliente sin una agenda cerrada. Sin buscar un resultado inmediato.
La IA como segundo paso, es decir, usarla para contrastar o mejorar lo pensado, no para evitar pensar.
Ir de resultado en resultado no (me) da propósito
El resultado alivia, por lo menos a mí me pasa. Entregas algo y, durante un rato, sientes que todo está bien, que avanzas, que has hecho lo que tocaba, el problema es que dura muy poco.
En cuanto se apaga esa sensación, aparece otra tarea, otro objetivo. Y sin darte cuenta entras en una dinámica bastante conocida: necesitar el siguiente resultado para volver a sentir que estás bien.
La IA encaja vuelve a ser demasiado buena aquí. Te da respuestas rápidas, soluciones limpias, sensación de progreso constante. Más resultados, más rápido, y eso engancha, como las redes sociales, no porque esté mal, sino porque el cerebro funciona así, y así lo estamos reprogramando.
Pero ese tipo de satisfacción no construye nada a largo plazo.
Cuando el trabajo se convierte en una cadena de entregas, empiezas a perder tolerancia a la frustración. Todo lo que no produce un resultado rápido molesta, pensar despacio molesta, dudar molesta, volver atrás molesta y justo ahí es donde suelen estar los problemas importantes.
El propósito no aparece por acumular outputs, aparece cuando entiendes por qué estás haciendo algo, cuando has pasado tiempo suficiente con un problema como para que deje de ser superficial.
Sin proceso, el trabajo se vuelve plano., correcto, incluso productivo, pero plano, insípido.
Y cuando el trabajo es plano, da igual cuánto entregues. Siempre hay una sensación rara de que falta algo, aunque no sepas muy bien qué.
Y eso, con el tiempo, también desgasta.
Escribir es una forma de estar presente, leer de verdad también., pasarlo un poco mal con un problema suele ser señal de que estás dentro, no mirando desde fuera.
Cuando todo pasa por una capa automática, el trabajo quizás se vuelve más limpio, sí. Pero también más distante. Menos implicación, menos conversación real, menos conflicto sano.
Y sin conflicto, todo suele ser correcto… y olvidable.
Formación, crecimiento y liderazgo: el mismo problema en distintos niveles
Leer y escribir no son tareas mecánicas, a nivel personal y profesional, es como pensamos. Cuando escribes, ordenas, cuando lees despacio, entiendes. Si eliminamos esos pasos incómodos desde el principio, el aprendizaje se va a quedar cojo.
Me pasa a mí. Soy capaz de generar entregables decentes con ayuda de IA. Documentos que suenan bien, que cumplen. Pero a veces me cuesta más explicar por qué algo es así o qué cambiaría si el contexto cambia. Con la IA produzco más, pero razono menos. Y si eso me pasa a mí, con años de experiencia, el riesgo es todavía mayor en perfiles que están empezando.
El problema quizás no sea la IA, quizás el problema es no haber pasado suficiente tiempo sin ella, enfrentándote al vacío, a la duda, a no saber por dónde tirar.
Y esto no es solo una cuestión individual, también va de liderazgo.
Si solo se premia la velocidad, los lanzamientos y los outputs rápidos, la IA se convierte en un atajo lógico. Si lo que medimos son entregables, empujamos a optimizar resultados y no la comprensión y el fallo, el error.
El liderazgo debería valorar también el tiempo de inmersión, las buenas preguntas, los silencios incómodos antes de una decisión. No es fácil de medir, pero es muy fácil notar cuando no está, y eso es cultural, y las empresas empezarán a tener este problema si no se cuida.
Disfrutar de volver a cortar leña y llevar agua
La solución no es usar menos IA, soy realista, sobre todo trabajando en tecnología. La IA es una herramienta potente y seguirá mejorando, negarlo no tiene sentido, cavarías tu tumba,
Lo que sí creo, es que hay partes del trabajo donde merece la pena volver a hacer las cosas a mano, aunque no sea lo más eficiente.
Hay una historia que conocí gracias a la newsletter de Suma Positiva, que dice así:
Antes de la iluminación, cortar leña y llevar agua.
Después de la iluminación, cortar leña y llevar agua.
Cuando leí la newsletter, no le vi demasiado sentido, ahora empieza a encajarme más.
No creo que la historia vaya de rechazar el progreso ni de romantizar el esfuerzo. Va de entender que, incluso cuando sabes más, cuando tienes mejores herramientas o cuando “ya has llegado”, el trabajo básico sigue siendo el mismo. Y que ahí, en lo simple, es donde pasa algo importante.
En mi caso como product manager, cortar leña y llevar agua es pensar despacio, escribir sin ayuda al principio, leer documentación aunque sea densa, hablar con clientes sin buscar cerrar nada, darle vueltas a un problema sin esperar una respuesta rápida. La clave debe ser ESTAR dentro del proceso.
La IA nos permite saltarnos todo eso. Y muchas veces está bien hacerlo, pero cuando nos lo saltamos siempre, algo se pierde.
No porque el trabajo sea peor. Sino porque dejamos de habitarlo, de disfrutar del problema.
Quizás por eso disfruto menos últimamente trabajando. No porque el trabajo haya empeorado, sino porque paso menos tiempo cortando leña y llevando agua. Menos tiempo en esa parte poco visible, poco eficiente, donde no hay resultados inmediatos pero sí comprensión.
Durante años trabajé con menos herramientas, más ruido y mucha incertidumbre, no era mejor. Pero había algo más vivo, estaba más tiempo dentro del problema, aunque no supiera muy bien qué estaba haciendo. Hoy tenemos más medios, más ayuda y más velocidad. Y aun así, a veces, me noto más lejos del trabajo que antes.
No creo que la respuesta sea volver atrás. Creo que la respuesta es elegir conscientemente cuándo no acelerar.
Volver a cortar leña y llevar agua no es renunciar a la IA por mi parte. Es decidir que hay partes del camino que no creo que sea bueno delegar. Porque ahí es donde aprendo, donde conecto con el problema y, curiosamente, donde más disfruto.
No sé si esto es una conclusión o es más bien una nota para mí mismo.
La IA no me ha quitado el trabajo, de momento, me ha quitado parte del camino. Y en ese camino, aunque no siempre lo supiera, era donde más aprendía y donde más me divertía.
Así que últimamente intento volver ahí de vez en cuando. Aunque sea despacio, aunque no sea óptimo, aunque no salga nada y tenga que tirarlo
Si no puedo volver a disfrutar de cortar leña y llevar agua, es que este sector, ya no será para mí.
